Departamento de Psicopedagogía

Sección Preescolar

La conquista de la independencia empieza con el inicio de la vida, es un “proceso natural” que lleva al ser humano a actuar de manera separada, aunque en este sentido, cabe mencionar que  universalmente esta independencia es relativa ya que finalmente todos dependemos de todos.

Veamos algunos ejemplos de este proceso natural de independización.  Al nacer el niño se libera del seno materno, y se vuelve independiente de las funciones de la madre, por ejemplo, respirar o comer por si mismo… sin embargo, continúa necesitando del adulto para que le supla sus necesidades tanto físicas (alimento, vestido, limpieza, confort) como psíquicas (amor, atención, respeto).

A la edad de 6 meses el proceso de digestión ha madurado y aparece el primer diente, esto hace que el niño pueda vivir sin la leche materna.  En este periodo el cerebelo se desarrolla rápidamente lo que permite que a los 6 meses el niño se mantenga sentado, a los 9 empieza a gatear, a los 10 meses se mantiene de pie, de los 12 en adelante empieza a dar sus primeros pasos y a los 15 anda con seguridad.  Estos tiempos son aproximados, depende por supuesto, del ritmo de cada niño.

Si con la educación quisiéramos enseñar al niño a andar antes de este periodo, no podríamos conseguirlo ya que depende de cierto grado de madurez. Por lo tanto, podemos decir, que intentar formar el desarrollo natural no conduciría a nada y sí dañaría  el buen desarrollo del niño.  Sin embargo, es importante mencionar también, que cuando obstaculizamos este camino natural, es decir, cuando como padres sobreprotegemos a nuestros hijos, cuando les damos todo hecho, cuando no les permitimos que interactúen de una manera sana sobre el medio, cuando no confiamos en que pueden ir afrontando los retos de acuerdo a su edad también los dañamos.

Los padres somos las guías de nuestros hijos, por lo que depende en gran medida de nuestro trabajo el conducirlos hacia el camino de la seguridad y de la confianza.

Cuando los padres hacemos lo que nuestros hijos ya pueden hacer, el mensaje que les estamos dando es “tú no puedes, por lo tanto, yo lo hago por ti”, lo que sin lugar a dudas derivará en niños que no se sienten “capaces” por lo que en mayor o menor medida tenderán a dejar que otros hagan lo que a ellos les toca hacer, es decir personas dependientes.

Para favorecer el proceso natural de independización  tenemos que partir de ser padres observadores de este proceso y adecuar tanto nuestra intervención como el medio que les rodea.  A continuación presentamos algunos aspectos  a favorecer en la etapa preescolar:

  • Con respecto a la comida, aunque no hay una edad definida para que el niño se alimente solo, si es importante que cuando ya pueda tomar en sus manos los cubiertos dejemos que él lo haga, evitando en todo momento la tentación de darle de comer en la boca ya sea para que lo haga rápido o bien para que se termine los alimentos.  Permitamos que se ensucie y experimente las distintas texturas y temperaturas, enseñémosle a lavarse o limpiarse con una toallita.  Alrededor de los alimentos podemos motivar a los niños a que pongan la mesa y cuando terminen recojan su plato y vaso.
  • Es importante también para la autonomía promover que nuestros hijos participen en el cuidado y aseo personal, como por ejemplo, vestirse y desvestirse.  Debemos tener paciencia y planificar las cosas de tal manera que vayan aprendiendo despacio y sin presiones.  Si sus hijos no se visten rápido para ir a la escuela o para dar un paseo, no los vista usted, mejor será levantarlos más temprano y permitirles tomarse su tiempo mientras aprenden.  Es importante también que para los fines de semana informales les permitamos que sean ellos quienes escojan la ropa que desean ponerse y evitemos en todo momento criticarlos porque no combinaron bien o porque a nosotros no nos gusta.  La misma actitud debemos asumir cuando se peinan.  Recordemos que estamos fomentando la autonomía no la dependencia.
  • Es importante que no castiguemos o reprendamos a los niños.   Por ejemplo,  si cuando juegan se les desatan las agujetas de sus zapatos o manchan su ropa cuando comen, no olvidemos que ellos están aprendiendo.  Es mejor acercarnos a platicar y motivarlos.
  • A la hora de dormir, también es importante que los niños se acuesten solos.  Podemos contarles un cuento o cantarles para que se queden dormidos, pero no debemos quedarnos con ellos toda la noche ni permitirles que duerman en nuestra cama y/o recámara.
  • Desde los 4 años podemos enseñar a los niños a hacer nudos, a sacar y meter agujetas de los zapatos, con esto no sólo favorecemos que posteriormente aprendan a amarrarse y desamarrarse las agujetas sino también favorecemos la coordinación fina.
  • Bañarse y cepillarse los dientes son actividades en las que los preescolares ya deben participar, por supuesto, con la supervisión de un adulto.
  • Respecto a los problemas que se suscitan entre hermanos o bien con amiguitos es importante “la mediación” por parte del adulto, que no es lo mismo que hacerlo por ellos.  Es decir, “dile a María que no te gusta que te grite” es muy distinto que nosotros como papás vayamos con María o con la mamá de María a decir que no le grite a nuestro pequeño.
  • Los preescolares ya pueden tener pequeñas responsabilidades en casa como guardar sus juguetes y mantener sus espacios ordenados, ayudar a cargar la bolsa más ligera del super, tirar las envolturas de los dulces que come, etc.  Al asignarles  responsabilidades y reconocerles por ello se promueve en los niños una sensación de seguridad, de independencia, les hace sentir importantes, valiosos, capaces.
  • Los niños son mucho más inteligentes de lo que asumimos.  Escuchan, entienden y deciden.  Ellos deben asumir sus consecuencias para crecer y aprender a enfrentar obstáculos y resolver problemas. Corren, se mojan, se caen, traen moretones, chichones, raspadas.  Cuando los niños tienen un accidente se recomienda acercarse, no gritar ni mostrar angustia, preguntarle en dónde se pegó y qué le duele.  Si llora preguntarle ¿Te asustaste? Abrazarlo y decirle lo que se hará: lavarle, ponerle pomada, un curita, etc.  Se trata de transmitirle que entendemos su sentimiento y le permitimos expresarlo, pero también le vamos a dar una solución con calma y cariño.
  • Cuando tenga dudas y pregunte qué hacer, evitemos resolverle las cosas.  Responder con una pregunta estimulará a los niños a buscar respuestas.  Por ejemplo, mami ¿por qué llora mi perrito?  a lo que podemos responder ¿tú qué crees?  Es importante darnos el tiempo para platicar con nuestros hijos y explicarles de qué manera sucede lo que nos rodea: cómo funcionan las cosas, los sentimientos, los peligros, etc.

Sabemos que nuestros hijos son un tesoro y nos duele que sufran o los lastimen pero es mucho mejor dejarlos crecer y formar adultos que sepan forjarse una vida de retos a tener adultos de 40 años viviendo en nuestras casas.

Sabemos, en este sentido,  que el reto como padres es grande pero estamos seguros de que lo podemos lograr.

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